Desde que soy, te aguardo.
Veo cómo te aproximas,
y me abalanzo hacia tí, desesperado.
Al borde del abismo,
recupero el equilibrio al ver que te alejas,
y sin quererlo, todo lo inunda mi llanto.
El vaivén de mi cuerpo,
y sobre todo de mi alma,
generan mareas de tristeza,
sobre los océanos de lágrimas
que, por tu única culpa, voy creando.
Y aquellos infelices,
que por mis mares navegan,
no oyen en el viento más que mi tonada,
que te llama y te maldice,
y que de tanto como se repite,
se confunde con el silencio.
Silencio.
Hace 5 años
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