- ¡ESO ES MENTIRA! - gritó el joven, harto de su condescendecia, harto de la incertidumbre. Harto de ella. Encolerizado y confundido en sus sentimientos, acababa de invocar el Ritual.Hay pequeñas regiones de la Isla que aún conservan esta antigua tradición. Nadie recuerda ya su procedencia, probablemente porque a nadie le preocupa. Simplemente lo asumen desde que nacen; es inherente a su ser, como respirar.
Y es que sólo hay un pecado mayor que la mentira, y es la desconfianza. Es por ésto que tiene mucho más que perder aquel que pone en entredicho a su prójimo, que aquel que se reafirma en una falacia. Y el Rito de la Verdad es juez y verdugo de ambas situaciones. A una mentira, la verdad pública. A la desconfianza, el destierro eterno.
La mujer no pudo articular palabra. Todos los presentes dejaron de rumorear al instante, y su expresión se tornó grave. Poco a poco y en silencio fueron rodeando a la pareja. Ella estaba ahora derrumbada a su lado, llorando desesperadamente y casi convulsionando. Como un géiser su boca comenzó a balbucear gruñidos que, a juzgar por los gestos de su cara, no podía controlar. A pesar de que hacía lo imposible por detenerlos, los gruñidos se fueron convirtiendo en sílabas, y éstas en palabras: nunca te quise.
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